Arte y despropósitos

El subconsciente

Junio 18, 2009 · Dejar un comentario

Cuando nos acerquemos a la estación ferroviaria el aire se volverá más caliente. Ya no dominaremos nuestras piernas: éstas se acelerarán para alcanzar la vía y evitar perder el tren adecuado. A partir de tal punto es posibe que sudemos y tengamos cierta incomidad si llevamos un maletín pesado. Podríamos entrar y volver a salir inmediatamente de la puerta principal pero por algún motivo no lo haremos. En el andén siempre aparecerá el mismo problema: de cien trenes sólo uno llevará al destino adecuado. Querremos interrogar a alguien joven, bien vestido y con gafas y lo único que veremos será un montón de ancianos que no encuentra su medicación. “¿Qué tren lleva al destino adecuado?”, y entonces una voz grabada anunciará la última salida del tren al destino adecuado por el andén número 7.

“¿Cómo es el tren que lleva al destino adecuado?”. Esa pregunta ya la quise plantear a mis compañeros de clase cuando era muy pequeño. En aquellos entonces el tiempo pasaba muy despacio. Podría narrar todo lo que sucedía, hasta lo más insignificante. Sacar punta a un lápiz pequeño, ir al baño, bajar las escaleras, abrir la puerta vieja, coger una piedra gris. Una vez tuve una idea disparatada y no nos dimos cuenta de que era un disparate hasta que se debatió durante dos semanas. “¿Cómo seré de mayor?”. Pero entonces aun no conocías la respuesta adecuada. Cuando seas mayor tendrás un montón de experiencias acumuladas que te impedirán narrar tu día a día con claridad y algún que otro trauma que continuamente romperá la espontaneidad de tus ideas.

Siempre quedo yo, el subconsciente. Me expongo a todas las experiencias de la vida como un carrete extremadamente sensible a la luz. Después las archivo y hago arte surrealista con ellas. A veces mi obra tiene sentido, la mayoría de las veces no, pero siempre sirve. Soy el gobierno en la sombra, sea quien sea quien presida. Se podría decir que soy vanidoso, traicionero y manipulador. Yo no sé lo que significa todo eso. Para mí esas palabras carecen de sentido.

“¿Por qué el andén número 7?”. “¿Me estaré equivocando?”. “¿Habré oído bien la voz?”. “¿Había una voz?”. “¿Me estaré volviendo loco?”.

Cuando cojamos el tren adecuado, tú y yo – tu subconsciente -, pensaremos que en los confines de la consciencia hay un pianista de jazz ciego que sonríe y chilla descontroladamente.

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