Siempre hemos estado en una habitación gris llena de gente, que es un vagón de metro vacío y un montacargas a la vez. En ella esperamos sentados como pacientes aturdidos, cada uno con su espacio de pared convenientemente asignado. A mi lado hay una chica misteriosa que me tiende la mano.
- Entonces, ¿Cuál es tu color favorito? – le pregunto.
- El verde.
- ¿Lo has visto alguna vez?
- No. – Tras lo cual giro la cabeza y veo a la persona que habla con ella, que por supuesto no soy yo.
- El verde.
- ¿Lo has visto alguna vez?
- No. – Tras lo cual giro la cabeza y veo a la persona que habla con ella, que por supuesto no soy yo.
Una vez hice un crucero y otra vez soñé que lo hacía. Caminando por un pasillo, combinado en mano, me di cuenta de que una composición mía estaba sonando. Un cuarteto de músicos interpretaba uno de los temas más personales que en realidad nunca hice y que por supuesto jamás publiqué. Sentí emoción y desconcierto en paralelo, y cuando me acerqué a pedir explicaciones me dí cuenta de que nadie podría escucharme.
La chica misteriosa aparecerá alguna que otra vez. En una de estas veces, yo iré caminando por la calle principal de mi pueblo y ella me acompañará hasta el principio del camino, donde nos saludaremos. Entonces nos daremos cuenta de que ya nos conocemos y pasaremos un buen tiempo recordando todo lo que nos unió. Al principio de la historia, ella quedará atrapada en una maleta que embarcará hacia un destino indeterminado, y yo observaré una secuencia de números escrita que deberé recordar.
- Lo menos importante que te puedo explicar ahora mismo es que un día estuve en una isla de un metro cuadrado observando una puesta de Sol eterna. – le dije a la chica misteriosa, a lo cual ella no contestó y me enseñó una linterna.
- Es para ver el color verde, – dijo – y no funciona. Pero funcionará pronto – añadió. La chica misteriosa encendió la linterna y la luz pasó a través de mi, recordándome que yo no existía, así que me despedí de ella: “Quiero que sepas que no existo”.
- Es para ver el color verde, – dijo – y no funciona. Pero funcionará pronto – añadió. La chica misteriosa encendió la linterna y la luz pasó a través de mi, recordándome que yo no existía, así que me despedí de ella: “Quiero que sepas que no existo”.
Una vez subí a un tren; en realidad tuve que subir a él cinco o seis veces más para asegurarme de que nunca me llevaría a ningún sitio. En el primer viaje dejé de existir, y en el último deseé darme cuenta de ello. A veces no llegué nunca al tren, y cuando lo hice me llevó a estaciones extrañas de nombres y alturas impronunciables, donde me encontré rodeado de pasajeros inexistentes que leían diarios antiguos. A veces el tren apareció enmedio de un descampado verde, sin avisar, travesando mi cuerpo inexistente.
Siempre habremos estado en una habitación blanca vacía de gente, que será un refugio espiritual y nuclear a la vez. En ella estaremos de pie sin esperar nada en concreto, cada uno con su porción infinita de espacio-tiempo convenientemente asignada. Delante de mí habrá una chica misteriosa que sonreirá y se iluminará.
- Tú eres verde – le diré, a lo que ella no contestará, probablemente emocionada. Entonces convertiré una secuencia de números conocida en canción y le pondré un título existente; será mi primera composición.
- Tú eres verde – le diré, a lo que ella no contestará, probablemente emocionada. Entonces convertiré una secuencia de números conocida en canción y le pondré un título existente; será mi primera composición.
Hoy he viajado hacia Londres en parapente y me he visto reflejado en altísimos edificios futuristas perfectamente iluminados.
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