Arte y despropósitos

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Magia

Enero 30, 2008 · Dejar un comentario

Yo era un músico de Oregon y ella una artista irlandesa, y ambos coincidimos en Nueva York. Durante Enero y Febrero tuve la oportunidad de colaborar con ella en un proyecto musical vanguardista. Solíamos reunirnos en un local antiguo del Bronx donde además de trabajar compartíamos largos momentos de ocio despreocupado.

Holly repetía una y otra vez una toma vocal hasta quedar satisfecha con el resultado mientras yo la admiraba y pensaba que tenía un acento y una gesticulación graciosa. En una de aquellas sesiones empecé a vislumbrar la magia cuando conseguimos contactar con James Brown a través de una sesión de ouija.

En primavera me enamoré de Holly y ella de mí, y apareció la telepatía entre nosotros. Para experimentarla solíamos encerrarnos en una habitación oscura y pensar en una figura que podía ser un cuadrado, un triángulo o un círculo. Con la precisa concentración, éramos capaces de pensar siempre en la misma figura sin comunicarla al otro. Eso proporcionó grandes ventajas a nuestra vida diaria. Por ejemplo, si yo pensaba en ir a ver una película al Film Forum, estaba seguro de que ella también tendría la misma idea, así que bastaba con desplazarse hasta el 209 de Houston Street con suficiente antelación y esperar a que viniera.

En esa época solíamos frecuentar mucho el Lemon Lounge los sábados por la noche y allí conocí a un hechicero mejicano. A través de una mirada y de algunas palabras me transmitió un mensaje muy importante: yo y Holly estábamos conectados kármicamente en multitud de vidas pasadas y por lo tanto éramos almas gemelas.

Durante el verano nuestras vidas se hicieron si cabe aun más compatibles. Nos fuimos a vivir a Manhattan y empezamos a actuar frecuentemente en los clubes nocturnos de la zona. Estábamos envueltos en una vida azarosa y caótica con retazos de hedonismo y algún que otro punto de frivolidad, – reíamos, dormíamos e improvisábamos mucho – éramos felices y precisábamos de muy poco para serlo.

Empezamos a experimentar con la magia de forma más frecuente. Descubrimos que podíamos curar y prevenir enfermedades de forma milagrosa, que podíamos dormir poco aun conservando el mismo estado físico y mental y que podíamos inducir largos estados de trance durante los cuales el tiempo parecía no transcurrir.

En dos ocasiones viajamos a Irlanda. Allí nos convertimos en hechiceros expertos e hicimos frente a duendes hostiles. Descubrí que Holly era una dríade (hada de los bosques) que había huido de su tierra natal para descubrir el mundo y con esa revelación aprendí a vivir un viaje permanente con ella.

En otoño Holly enfermó. Ninguno de nuestros poderes parecía ser efectivo contra tal enfermedad. Entonces conocí a un chamán de Queens que me aconsejó buscar la solución en las estrellas. Tras muchos días de investigación y un viaje a Méjico adquirí finalmente un astrolabio y llevé a Holly a Central Park a la hora precisa. Justo en el momento en que el Sol entró a Escorpio besé a Holly y el día siguiente se curó.

Durante el mejor año de mi vida descubrí la existencia de la magia. Fue el año en que conocí a una chica extraordinaria llamada Holly.

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